Israel Villagrán, el jinete que conquistó la pista y a la gente
- 6 jul 2025
- 7 Min. de lectura
Entrevista: Daniela Muñoz
Edición: Ricardo Ortega

La hípica siempre nos presenta una variable bien interesante, donde convergen la sangre nueva y la experiencia. Sin embargo, pocos son los que realmente logran cruzar y ganarse el corazón de generaciones enteras amantes de esta actividad; así podemos comenzar la historia del látigo nacional Israel Villagrán, egresado de la escuela de jinetes en el año 1992, y quien a sus 51 años sigue montando como desde el primer día en que se enamoró de esta arriesgada profesión.
Aquellos que lo vieron correr cuando eran niños, hoy son adultos que siguen admirando su constancia, nobleza y humildad, dentro y fuera de la pista. Con más de 822 carreras ganadas, la gran mayoría en el Valparaíso Sporting, Israel Villagrán no es solo un jockey: es historia viva del turf en Viña del Mar.
Con perseverancia y trabajo, se ha convertido en un referente para el público, sus pares y las nuevas generaciones, que lo ven como un verdadero ejemplo a seguir, cosa que es notoria cuando uno lo ve trabajando en las mañanas y compartiendo en la sala de jinetes.

Israel es un hombre tímido frente a las cámaras y de pocas palabras ante los periodistas, pero aunque no se proclame ídolo, hay muchos que lo tienen en lo más alto del corazón hípico. Cuando haces las cosas bien es normal que nazca una admiración y respeto por ti. Así lo vive Villagrán, que ha sabido levantarse de un sinfín de lesiones y caídas, ganando gracias a esto apodos como “El Androide Inoxidable de la Hípica” (denominación otorgada por este medio).
Israel, ¿Cómo te iniciaste en el mundo de las carreras de caballos?
Mi familia es hípica. Mi papá fue jinete, también mi abuelo y mis tíos. Soy familiar de los Castillo; Pablo Castillo, Orlando Pedro Castillo. Mi abuelo trabajó varios años. Fue capataz de un corral y desde chico me llevaban para allá, donde montaba y todo. Y de a poco le fui agarrando cariño a la hípica porque después de mis estudios me iba al corral donde estaba un primo y lo ayudaba a trabajar, a cuidar caballos y así, de a poquito, me fui enamorando de la hípica hasta el día de hoy.

Sin duda lo llevas en la sangre. ¿De dónde nace la idea de ser jinete? ¿Seguir la herencia familiar?
Claro, esto es una bonita herencia familiar.
¿Tus mayores referentes serían de tu familia?
Sí, toda mi familia, todos son buenos referentes. A mi tío de chiquitito lo veía ganar carreras en el Hipódromo Chile. Se ganó estadísticas, fue un buen jockey, ya no está ejerciendo, pero sí lo veía harto. Lo ayudaba también en la sala de jinetes, le sacaba las botas, lo ayudaba con los aperos. Sí, de a poquito, siempre estuve ligado a la hípica, siempre, siempre, toda la vida, hasta el día de hoy.

¿Y qué significa la hípica para ti?
Simplemente todo. Me lo ha dado todo. Me ha dado una hermosa familia. Todo lo que tengo me lo ha dado la hípica. Gracias a Dios.
¿Y te consideras un jockey querido por la gente?
Sí, me doy cuenta de que igual hay mucha gente que me tiene afecto. Son pocas las personas que me gritan cosas o que me tienen mala. En realidad, no me considero muy popular entre la gente, pero sí, tengo harto cariño de la afición.
¿Qué significan para ti los colores del Pompita?
Todo. Siempre le digo al propietario que yo prefiero correr los caballos de él, que correr otros caballos. Así que siempre que hay un caballo de él y otro que yo haya corrido, prefiero correr los del Pompita. Con él nos iniciamos y hemos estado toda la vida ligados. Somos familia, así que con mayor razón.

¿Cuáles son las carreras más importantes que has ganado hasta la fecha?
Me gané la Copa de Plata Ítalo Traverso Pasqualetti en el 2002 junto a Sundstron. En ese tiempo ese clásico era Grupo I, era más importante y significó harto. La preparaba Alberto Donoso, más conocido como el “Tío Beto”. Él ya falleció, pero esa fue una de las carreras más emocionantes y yo era joven, me catapultó bien alto.
Israel, llevas muchos años casado con una trabajadora muy querida del Sporting. ¿Cómo fue encontrar el amor en esta actividad?
Hermoso. Es lo mejor que tengo junto a toda mi familia. Mi pareja me ha acompañado en todas y la familia igual. He tenido accidentes donde mi mamá me ha dicho que no corra más, que ya está bueno porque les da miedo, pero uno ya estando en este trabajo, le pierde miedo a los caballos, a caerse. Uno no le teme a nada, porque aparte que esto es lo que uno sabe hacer, y por lo menos yo trato de hacerlo bien.

¿Y te sientes identificado como un referente del Valparaíso Sporting?
No me siento identificado, pero sí me gusta cuando me tratan con cariño. Por ejemplo, una vez el relator dijo: “Israel Villagrán, un emblema viñamarino”, cuando lo dijo lo escuché por el parlante y me sentí bien, me gustó. Pero que yo me sienta así como que yo soy el emblema, no creo. Pero me gusta cuando la gente lo dice, me emociona.
¿A lo largo de tu carrera, cuáles son los caballos que han marcado tu vida?
Anahola es una de mis referentes, sin duda la mejor de todas. Igual quedé recontento con esa nota que hicieron ustedes en Indice 1, cuando gané con la hija de ella (Merluziana). Y claro, cuando gané me sentí más contento que cuando ganaba con la mamá, porque la sentí como que era muy igual, como que me había reencontrado con Anahola. Esa es una de las alegrías más bonitas que tuve.


¿Cuáles son tus metas a corto plazo?
Yo he ganado muchas carreras, llevo como 800 y mi meta, ojalá así Dios quiera, si tengo vida y salud, es llegar a las 1.000, que sería mi sueño. Con eso ya los habría cumplido todos, porque ganarse mil carreras no se las gana cualquiera. Y yo corro acá en Viña no más, casi todas me las he ganado acá, y lograr todos esos triunfos en un solo hipódromo es buenísimo, además que es súper difícil y complejo.
¿Cuál ha sido la mayor alegría que has vivido en esta actividad?
He tenido muchas alegrías. Una vez estaba corriendo y gané tres carreras. Además, ese mismo día nació mi primera hija. Creo que fue el día más feliz de mi vida. Terminé de correr y me fui al parto, porque era un parto compartido. Era la primera vez que entraba a uno, porque era mi primera hija, y ese día fue uno de los más felices. Una emoción indescriptible. Un día redondo.

¿Cuál ha sido la pena más grande que has tenido con la hípica?
Cuando perdí a mi papá, porque era mi hincha. Me mató con esa pregunta, pero vamos no más, si total la hípica sigue (Israel se emociona).
¿Qué mensaje les dejarías a todos tus seguidores?
Que los sueños se cumplen, hay que ser perseverante y buscarlos pese a todas las complicaciones que se puedan dar en el camino. Cuando uno ya los logra, se siente pleno y satisfecho, y esa es la idea. Yo siento que ese es el impulso de la vida, lograr tus metas y hacerlas, pero hacerlas bien y con ganas. Eso es bueno.

¿Algún consejo para los nuevos jinetes, las nuevas generaciones?
Tienen que trabajar harto no más. Esto se gana con harto trabajo y sacrificio. Esa es la clave del éxito. Trabajo y sacrificio.
Algo que tu demuestras al tener más de 800 carreras ganadas, porque sigues trabajando todas las mañanas junto a los caballos…
Todas las mañanas estoy ahí trabajando, de lunes a sábado, y le hago harto empeño. Monto harto y por eso también corro hartos caballos. Gracias a Dios, la gran mayoría de los preparadores me tienen buena. Les corro a todos. No tengo ningún preparador que me diga: “no, yo a ti no te echo a correr”. Todos me echan a correr y, gracias a Dios, me va bien.

Y para terminar, ¿cuéntanos cómo es un día en la vida de Israel Villagrán?
Hoy me levanté en la mañana a trabajar. Después de trabajar, me vine a las 10 AM a la sala de jinetes, me vestí para trotar; troté de 11 a 12. A las 12:30 ya me había bañado y estaba listo en la sala de jinetes. Y a las 13:30 horas ya es la primera carrera. Después corro toda la reunión y espero a mi esposa, que también trabaja aquí mismo, y nos vamos juntos a la casa. Y llegar a la casita ya es satisfactorio, ya que uno regresa con vida y salud. ¿Existirá algo más lindo que ver a mis niñas esperando que uno llegue? No creo. Ellas se ponen felices cuando uno llega bien y te da una alegría inmensa para terminar el día.
Es súper sacrificada la vida de un jinete…
Sí, muy. Aparte, esto uno no lo hace solamente los días de carrera, porque uno tiene que mantenerse trotando, comiendo sano para no engordar y tener un estado físico pleno para no tener problemas con el peso. A mí no me gusta tener ese problema, así que gracias a Dios me cuido.
Muchas gracias por contarnos tu historia.
Gracias a ustedes y un saludo a todos sus seguidores.

Fotografías: Fotoficial.cl - Concettina - Repositorio de Indice 1 - Facebook de Rodrigo Lizama.




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